Detenidos tres ultraderechistas tras intentar sabotear acampada en Madrid
La violencia busca frenar el reclamo social en Madrid, Oviedo y Sevilla, mientras el pueblo extiende las acampadas y prepara la huelga general.
El presidente Pedro Sánchez evalúa seriamente la disolución de las Cortes y la convocatoria a elecciones anticipadas ante el colapso de su agenda legislativa y la presión insostenible de las calles. Foto: EFE.
4 de octubre de 2026 Hora: 12:25
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En una acción desesperada de los sectores reaccionarios por amedrentar al movimiento popular que exige el fin del negocio inmobiliario, efectivos policiales arrestaron a tres integrantes de bandas de ultraderecha cuando intentaban asaltar la acampada por el derecho a la vivienda en la emblemática Puerta del Sol de Madrid.
Los agresores, desprendidos de la marcha fascista «Indignados por España» que congregó a unos 400 ultras en las inmediaciones del Banco de España con consignas racistas y chauvinistas, pretendían romper el cerco popular en la plaza.
Sin embargo, la resistencia de las familias acampadas los frenó en seco al grito inquebrantable de «No pasarán», dejando al descubierto el papel de estos grupos como brazo paramilitar de la especulación rentista. El intento de saboteo en la capital se suma a un patrón de agresiones neofascistas coordinadas en otros puntos del Estado español.
En Oviedo, la Policía arrestó a tres individuos vinculados a un colectivo nazi tras agredir a las personas que pernoctaban en la plaza de La Escandalera, lo que provocó una inmediata respuesta de más de medio millar de manifestantes que salieron a tomar las calles al grito de «unidad antifascista».
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Paralelamente, en Sevilla, las fuerzas represivas del Estado cargaron con saña y gases lacrimógenos contra más de un millar de jóvenes antifascistas que intentaban cerrar el paso a la organización ultraderechista Núcleo Nacional, confirmando la doble vara de las instituciones burguesas a la hora de encarar la protesta social.
El estallido social se multiplica en las plazas del Estado español
A pesar del amedrentamiento ultra y la violencia policial, la rabia desatada tras la derogación en el Congreso de los decretos que limitaban levemente los abusos del sector inmobiliario no deja de expandirse. Lejos de replegarse, las protestas mutaron en un movimiento de ocupación espacial e indefinida.
En Valencia, más de 200 personas instalaron unas 100 tiendas frente al Ayuntamiento para estructurar una resistencia asamblearia permanente. Mismas escenas de organización popular se repiten en las plazas cónsonas de Granada, Alicante y Salamanca, donde miles de manifestantes dejaron claro que la vivienda es un derecho inalienable y no un activo financiero para el enriquecimiento de los fondos buitre.
Incluso allí donde las acampadas se levantan estratégicamente para reorganizar fuerzas como el colectivo Derecho al Techo en Las Palmas de Gran Canaria, las organizaciones populares advierten que la movilización no se detiene.
Los colectivos sociales redirigido su acción hacia la paralización directa de decenas de desahucios programados para las próximas semanas, combatiendo en el terreno las consecuencias directas de la alianza entre el Partido Popular, Vox y Junts en el Parlamento.
La consigna en los barrios es uniforme: si los partidos de la burguesía defienden el negocio de las rentas, la clase trabajadora responderá paralizando las ciudades.
Parálisis institucional y la encrucijada del régimen rentista
La magnitud de las marchas multitudinarias que el sábado desbordaron más de 30 ciudades de forma simultánea fracturaron la estabilidad del Gobierno de coalición socialdemócrata.
El presidente Pedro Sánchez evalúa seriamente la disolución de las Cortes y la convocatoria a elecciones anticipadas ante el colapso de su agenda legislativa y la presión insostenible de las calles, mientras los ministros de la coalición de Sumar se reúnen de emergencia para contener la sangría política.
Desde la izquierda independentista, dirigentes de EH Bildu señaló que las derechas partidarias de los especuladores están perdiendo rotundamente la batalla en la calle, donde el pueblo ha dictado la invalidez de la política institucional dominada por los rentistas.
El violento accionar de las bandas fascistas en Madrid y Oviedo evidencia la alianza implícita entre el gran capital inmobiliario y la extrema derecha para resguardar la tasa de ganancia de los grandes propietarios a costa del despojo de la mayoría trabajadora. No obstante, el salto organizativo del movimiento por la vivienda demuestra que la respuesta popular rebasó las fronteras de la protesta coyuntural.
Con las plazas tomadas de manera indefinida, la huelga general en el horizonte y la resistencia antifascista desplegada en los barrios, el pueblo organizado mantiene la ofensiva en las calles para liquidar el modelo especulativo y defender la dignidad de la clase obrera.
Autor: teleSUR - lf - JML
Fuente: Agencias




